viernes, 2 de febrero de 2007

Vil mecánico

En este mundo existen dos culturas: las ciencias y las letras, se han empeñado desde pequeños en enseñarnos que son imposibles de compatibilizar, que son contrapuestas y por tanto imposible de conciliar. Este tema está implícito en nuestro sistema educativo desde hace siglos, y personalmente considero que es una pena, pues es necesario una formación completa en ciencias y en letras para tener una visión del mundo en que vivimos. Pero hay otra división entre los de "ciencias", nosotros somos ingenieros, y por lo tanto representantes de la ciencia práctica, lo material es lo nuestro, pero los que estudian las ciencias "puras" (matemáticas, física, química, etc.), lo conceptual es lo suyo. Esta distinta concepción del saber ha llevado a lo largo de la historia a disputas y desprecios, que en cierta medida siguen vigentes.

Calicles, en las Gorgias de Platón, afirma que el constructor de máquinas debe ser despreciado, debe ser llamado bánausos (trabajador manual) para ofenderlo, y que nadie querría entregar a su propia hija en matrimonio a uno de esos personajes. Aristóteles había excluido a los "operarios mecánicos" de la categoría de ciudadanos y los había diferenciado de los esclavos solo porque atendían las necesidades y requerimientos de muchas personas mientras que los esclavos atendían a una sola persona. Entre los griegos el trabajo manual, lo práctico, no se consideraba digno de ser practicado por los hombres libres, los amantes de la filosofía. Las siete artes liberales (la gramática, la retórica, la dialéctica, la aritmética, la geometría, la música y la astronomía) se llamaban así por ser practicada por los hombres libres, en cuanto opuestos a los no libres o esclavos, que ejercen artes mecánicas o manuales.

No es de extrañar que en un diccionario francés publicado en 1680 encontremos la siguiente definición: "El término mecánico, referido a las artes, significa lo que es contrarío a liberal y honorable: significa bajo, villano, poco digno de una persona honesta". Por lo tanto, llamar a un gentilhombre de aquella época, vil mecánico, era un insulto que le incitaba a desenvainar la espada y batirse en duelo.

Afortunadamente para nuestra profesión, la revolución científica del siglo XVII trajo consigo la reconciliación de la ciencia y la tecnología, ambas se complementaron y la ciencia descubrió que ciertos artilugios diseñados y construidos por esos viles mecánicos, como el telescopio, el cronómetro, el astrolabio, el teodolito, el vernier o nonius, el microscopio, la balanza, etc., podían ser utilizados por la ciencia en su investigación, la ciencia se volvió experimental y necesitó de "instrumentos científicos", que serían construidos por ingenieros. En el siglo XVIII y XIX, ya nadie tenia la menor duda de la necesidad y honestidad de las artes mecánicas.

Desde entonces la palabra ciencia y tecnología fueron parejas, la tecnología representó bienestar y riqueza, pero también alienación y mercantilización de la sociedad, así que la ciencia ha querido mantener su estatus y su ética. Intenta vender la imagen de que sus descubrimientos no son peligrosos, pues su meta es el conocimiento, son los ingenieros los que transforman la formulas y teorías científicas en bombas atómicas, gases tóxicos y maquinas contaminantes, la ciencia de por si no es mala, lo es su aplicación.

El filósofo Francis Bacon en 1609, expuso muy bien cual es la ambigüedad existente en la técnica en su obra Dedalus sive mechanicus. Dédalo, es un personaje de la mitología griega, que es a la vez un hombre extraordinario, un gran arquitecto e ingeniero, pero a la vez es despreciable. Sus invenciones son "ilícitas": la máquina que permitió a la reina Pasifae acoplarse con un toro y engendrar al Minotauro, mitad hombre, mitad toro, aborto monstruoso devorador de jóvenes; el Laberinto de la isla de Creta ideado para encerrar al Minotauro y "proteger el mal con el mal"; las alas de plumas y cera con las que su hijo Icaro voló tan cerca del Sol que se derritieron y se precipito en su mortal caída sobre el mar Egeo.

Del mito de Dédalo extraemos conclusiones de carácter general: las artes mecánicas generan instrumentos que ayudan a la vida y, al mismo tiempo, "instrumentos de vicio y muerte". El saber técnico tiene para Bacon, esta característica: mientras se presenta como posible productor del mal, ofrece, al mismo tiempo y conjuntamente con este aspecto negativo, la posibilidad de mostrar un diagnostico del mal y de un remedio para sí misma, Dédalo construyó remedios para sus delitos, como fue ofrecer el recurso del hilo a Ariadna, para que Teseo entrara en el laberinto y matara al Minotauro. La tecnología se cura con más tecnología.

Bueno espero que esta reflexión nos ayude una vez más a reflexionar sobre la imagen que en distintas épocas se han tenido de los hombres que han cultivado la ciencia y la tecnología.