miércoles, 30 de mayo de 2007

Cuento

Allí se habían juntado un buen grupo de ellas, en aquella playa grande y espaciosa que tanto les gustaba, les encantaba sentir el roce de la arena en sus delicadas pero firmes telas de colores y sobre todo mecerse al ritmo y el compás que las brisas marinas les regalan de vez en cuando, coqueteando con las olas que asombradas las admiran cuando se ponen a volar y volar.

Habían formado un corro y dialogaban animadas, entre ellas había una hermosa revo de color rojo y negro, una cometa plana en forma de rombo también de color rojo y que poseía una hermosísima cola de lazos de colores, una rokakku multicolor y una acrobática en tonos azules semejantes al bello cielo que las cubría.

Comentaban entre ellas que si una tenía más hilos, que si sus colores eran más bonitos, las piruetas que sabían hacer y lo alto que podían volar.

De repente surgió el enfado.

¡Yo vuelo mucho más alto que todas vosotras! y me muevo con más rapidez dijo la pequeña Paula que así se llamaba la diminuta cometa plana.

¿Pero que dices?, murmuraron a un tiempo la revo y la acrobática, quizás vueles más alto pero ¿acaso sabes hacer piruetas como nosotras? dijo Roseta que era la Revo, algo orgullosa pero a la cual no le faltaba razón sobre su defensa.

Eso, dijo apoyando a Roseta la acrobática Martita, que aunque más tímida que su compañera también se sentía orgullosa de cuanto sabía hacer.

Roberta sin embargo, la colorida Rokakku estaba del lado de Paula puesto que eran de la misma familia y sus habilidades muy semejantes.

Nosotras volamos más alto y nuestros colores son más bellos que los vuestros añadieron al ya acalorado debate.

No sabéis de lo que habláis insistieron Martita y Roseta, nosotras somos mucho mejores que vosotras pero no os habéis dado cuenta de que yo soy manejada con dos hilos y Roseta con cuatro, vosotras solo tenéis uno nada más.

La pequeña Paula comenzaba a lloriquear cuando al fondo se escucho una voz no muy lejana que les decía a todas:

Pero seréis tontas, dejad ya de pelear sobre quien es mejor o peor, acaso no os dais cuenta de que sencillamente sois todas igualmente hermosas pero distintas, diferentes y que vuestras diferencias hacen que el cielo esté contento de conteneros a todas y cada una de vosotras, si todas fueseis iguales y supieseis hacer las mismas cosas los festivales serían aburridos y sosos pero la inmensa variedad en cuanto a formas, familias, colores y características especiales os hacen únicas, singulares y maravillosas y todos se alegran de que así sea.

Todas miraron para ver quien había dicho estas palabras y observaron un banner clavado a escasos metros de donde ellas estaban, en su slogan una sencilla frase: "viva las cometas".

De repente todas se quedaron en silencio, meditaron sobre las cosas que se habían dicho y la pequeñita Paula que fue la que inicio la charla fue la primera en disculparse ante las demás, perdonarme por favor, me he dado cuenta de que cada una de nosotras tiene su propia valor por si misma y que es absurdo hacer comparaciones por que todas nosotras tenemos nuestros propios dones y nuestros dueños seguro que están muy orgullosos de poseernos y de hacernos volar siempre que el hermano viento lo permite, así pues por que no nos dejamos de parloteos y hacemos lo que mejor sabemos hacer todas: VOLAR.

Y así fue, una brisa suave que cada vez se hacía más intensa comenzó a elevar hacía el hermoso azul del cielo a Paula, Roseta, Roberta y Martita y a otras compañeras que no habían participado en la conversación pero que se hallaban también en aquella linda playa.

En unos instantes el cielo se lleno de colores y alegría, bellísimas siluetas ondeando entre las nubes, surcando el espacio con colas de colores y piruetas maravillosas que hacían las delicias de cualquiera que las pudiese contemplar. Mientras volaban se dijeron las unas a las otras que nunca más volverían a discutir por cosas tan tontas, que se respetarían siempre y que como una gran familia unida volarían juntas como amigas hasta que sus bridas y varillas estuviesen tan gastadas que ya no pudiesen volar más.

Y el cielo explotó en colores y diversión para el resto del día.

Xelo Ponsoda